Inversión

Riesgo de secuencia: por qué importa al retirar dinero

Los mismos porcentajes en otro orden pueden dejar distinto saldo al retirar dinero. Compara una retirada fija con un porcentaje variable y sus límites.

Satoshi compara dos recorridos de bloques azules con subidas y bajadas en distinto orden, con expresión curiosa.

El riesgo de secuencia de rentabilidades es el riesgo de que el orden de las subidas y bajadas perjudique una cartera mientras retiras dinero de ella. Dos recorridos con los mismos porcentajes en distinto orden pueden acabar con saldos diferentes si, entre medias, necesitas vender para cubrir gastos.

Importa especialmente al empezar a utilizar una cartera como fuente de ingresos, por ejemplo durante la jubilación. No se entiende mirando solo una rentabilidad media. Esta guía muestra el mecanismo con dos años ficticios y distingue retirada fija, porcentaje variable y decisiones de planificación, sin proponer una tasa de retiro universal.

La caída y el gasto compiten por el mismo capital

Si una cartera baja y además retiras dinero, quedará menos patrimonio para participar en una recuperación posterior. El problema no consiste solo en haber visto un saldo menor. Parte de los activos puede haberse vendido para pagar gastos y ya no estará dentro cuando cambien los precios.

La explicación de Charles Schwab sobre riesgo de secuencia relaciona el orden de los resultados con la duración del ahorro durante las retiradas. Tomamos el concepto, no sus importes ni escenarios. Aquí utilizaremos cifras propias para que puedas comprobar cada operación.

La investigación de Vanguard sobre ingresos de jubilación también identifica el efecto de pérdidas tempranas combinadas con retiradas. No aplicamos sus productos o asignaciones de activos a un lector español. La idea relevante es que el gasto y el riesgo de mercado necesitan planificarse conjuntamente.

Esto no permite saber cuándo llegará una caída ni obliga a suponer que aparecerá justo al jubilarte. Sirve para comprobar si el plan depende de recibir buenos resultados al principio. Una planificación que solo funciona con una trayectoria suave deja sin examinar una parte importante del riesgo.

Sin aportaciones ni retiradas, los mismos factores dan el mismo resultado

Imagina 10.000 € que un año caen un 20 % y el siguiente suben un 20 %. Sin movimientos intermedios y sin gastos, terminan en 9.600 €: 10.000 × 0,80 × 1,20. Si inviertes el orden de esos dos factores, el saldo final también es de 9.600 €.

Eso no significa que bajar y subir el mismo porcentaje se anulen. La subida se aplica a una base diferente de la inicial. En ambos recorridos, la rentabilidad acumulada del activo sería del −4 %, aunque la media aritmética de −20 % y +20 % sea cero.

la guía para calcular la rentabilidad de tus inversiones distingue medias, resultados acumulados y movimientos del inversor. La igualdad anterior requiere mantener las hipótesis: mismo capital inicial, mismos factores de rentabilidad y ausencia de entradas o salidas. Ahora cambiaremos precisamente ese último punto.

Mismos porcentajes, retiradas de 1.000 € y dos saldos finales

Partimos otra vez de 10.000 €. Retiramos 1.000 € al final de cada año, siempre después de aplicar la rentabilidad del año. En A llega primero el −20 % y luego el +20 %. En B llega primero el +20 % y después el −20 %. No hay aportaciones, impuestos, inflación, comisiones ni otros costes.

Los porcentajes describen la cartera antes de las retiradas del ejemplo, no una rentabilidad personal calculada sobre sus flujos. Todos los importes son nominales. Fijar el momento de la retirada es esencial: si se hiciera al principio del año, las cifras serían otras.

Retirada fija de 1.000 € al final de cada año, después de la variación de valor
Recorrido y año Saldo inicial Rentabilidad supuesta Antes de retirar Retirada Saldo final
A, año 1 10.000 € −20 % 8.000 € 1.000 € 7.000 €
A, año 2 7.000 € +20 % 8.400 € 1.000 € 7.400 €
B, año 1 10.000 € +20 % 12.000 € 1.000 € 11.000 €
B, año 2 11.000 € −20 % 8.800 € 1.000 € 7.800 €

Ambos recorridos han entregado 2.000 € para gastos, pero A conserva 7.400 € y B conserva 7.800 €. La diferencia es de 400 €. No procede de retirar más dinero en A ni de utilizar una rentabilidad distinta: cambia el orden en que se combinan los resultados con las salidas.

En A, después del primer descenso y la retirada, solo quedan 7.000 € para recibir la subida. En B, la primera subida deja una base de 11.000 € tras retirar. El segundo año no convierte ambas bases en la misma cartera, aunque los factores utilizados sean los mismos.

Sumar saldo final y retiradas permite ver otra magnitud: A conserva y ha entregado 9.400 € en total; B, 9.800 €. Esa suma no es una rentabilidad anual ni considera cuándo se gastó el dinero. Ayuda a no confundir la diferencia de saldo final con una diferencia de consumo que en este caso no existe.

Una retirada fija puede exigir vender más unidades tras una caída

Podemos representar el primer año con cien unidades iniciales a 100 € cada una. En A, el precio baja a 80 € y obtener 1.000 € exige vender 12,5 unidades, suponiendo que se admitan fracciones. En B, sube a 120 € y la misma retirada exige aproximadamente 8,3333 unidades.

Después de esa primera salida quedarían 87,5 unidades en A y unas 91,6667 en B. El ejemplo no reproduce las reglas de compraventa de un producto real: permite visualizar por qué gastar un importe fijo cuando el precio es menor puede reducir más la cantidad que permanece invertida.

No hace falta que la persona decida conscientemente «comprar caro y vender barato» para que aparezca el efecto. Si sus gastos exigen retirar en ese momento, el calendario de necesidades puede imponer la venta. Por eso el riesgo de secuencia se estudia junto con el origen de los ingresos y la flexibilidad de los pagos.

Retirar un porcentaje del saldo traslada variaciones al gasto

Cambiemos la regla, en un supuesto independiente: retirar cada año el 10 % del valor que haya después de la rentabilidad. El 10 % se elige solo para la aritmética; no es una tasa recomendada ni sostenible demostrada. Mantenemos los mismos dos recorridos y el resto de hipótesis.

En A, el primer año quedan 8.000 € antes de retirar; salen 800 € y permanecen 7.200 €. El segundo año suben a 8.640 €, se retiran 864 € y terminan en 7.776 €. En B, el primer año salen 1.200 € de los 12.000 € y quedan 10.800 €; después bajan a 8.640 €, salen 864 € y también terminan en 7.776 €.

El saldo final coincide, pero A ha permitido retirar 1.664 € y B, 2.064 €. La diferencia de 400 € se ha desplazado al consumo. Una regla proporcional puede adaptarse matemáticamente al patrimonio sin garantizar que cubra tus gastos básicos. «La cartera no se agota con la fórmula» y «puedo pagar lo necesario» son preguntas distintas.

Satoshi revisa un documento de gastos junto a sobres y una carpeta de inversión, con expresión seria y serena.
Separa gastos esenciales y ajustables: una retirada flexible solo ayuda si el presupuesto puede soportar la variación de ingresos.

Cómo incluir este riesgo en una planificación real

Empieza por los gastos que tendría que cubrir la cartera después de otros ingresos previstos. la guía para planificar tu jubilación organiza esa diferencia. Distingue lo esencial de lo que podrías aplazar o reducir y anota qué margen existe realmente, sin suponer que todos los gastos son flexibles.

La CNMV propone relacionar objetivos, plazo y riesgo. Aplicado a retiradas, eso exige comprobar cuándo necesitarás el dinero y qué cambios podrías soportar. Una cartera pensada solo para acumular durante décadas puede necesitar otra revisión cuando empieza a financiar pagos cercanos.

Una reserva de liquidez puede reducir la necesidad de vender determinados activos en una fecha inmediata, pero tiene tamaño y coste de oportunidad y debe poder reponerse. No demuestra que puedas esperar indefinidamente a una recuperación ni garantiza que los mercados se recuperen dentro del plazo que necesitas.

Diversificación, nivel de riesgo y política de retiradas forman parte de la misma revisión. la guía para rebalancear una cartera explica cómo contrastar pesos y operaciones con un plan. Rebalancear no convierte una retirada en inocua ni predice qué activo subirá después; requiere revisar también costes y necesidades de efectivo.

Qué conclusiones no permite sacar una tabla de dos años

No permite calcular una retirada segura para treinta años, la probabilidad de agotar la cartera ni una distribución óptima de activos. Faltan inflación, impuestos, costes, duración, variación de gastos y muchas trayectorias de mercado. Tampoco compara productos concretos ni demuestra que un porcentaje determinado funcione en España.

Un plan con necesidades mensuales deberá reflejar ese calendario, no limitarse a repartir una cantidad anual entre doce sin comprobar cuándo entra y sale el dinero. También necesita distinguir lo bruto que retiras de lo neto que puedes gastar cuando existen impuestos o gastos de operación.

Antes de empezar a retirar, deja escritas las decisiones revisables

Anota importe necesario, fecha, otros ingresos, liquidez prevista, gastos ajustables y momento de revisión. Comprueba qué ocurriría si los primeros resultados fueran malos y qué cambios serían viables. Si una alternativa solo funciona suponiendo que no habrá caídas al principio, registra esa dependencia en lugar de ocultarla bajo una media.

El objetivo es poder explicar cómo convivirían mercado y gastos en varios escenarios. El riesgo de secuencia no se elimina con optimismo sobre la rentabilidad media: se hace visible al seguir el capital que permanece invertido después de cada retirada.

Guía educativa revisada el 22 de octubre de 2026. Rentabilidades y retiradas ficticias al final del año, sin impuestos, inflación ni gastos. Ningún porcentaje constituye una recomendación o garantía de duración del ahorro.

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